Adiós y… ¡hola!

4 Oct

dosA pesar de que las mudanzas me dan siempre mucha pena, como diría Rafiki: llegó la hora. A partir de este momento ya no publicaré nada más aquí, y podéis encontrarnos en nuestra propia web, diseñada con cariño y gran acierto por el padre de Eva, y en la que mi Pipeke y yo compartiremos regularmente nuestras vivencias, momentazos, aprendizajes, sentimientos, éxitos y fracasos con ese pequeñísimo porcentaje de personas a las que nuestro día a día pueda resultarles interesante, entrañable o, sobre todo, divertido… porque el amor y el humor son las fuerzas que mueven nuestro mundo.

Os esperamos en

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¡Gracias por seguirnos hasta allí!

Chichones y cunas de viaje

26 Ago

Una cuna lustrosa, un flamante desinfectabiberones, un emocionante taca-taca o un ciento de preciosos vestiditos. Yo, como buena embarazada y madre primeriza, tuve durante un año (el que duró mi embarazo y mi par de meses de posparto) unas prioridades totalmente diferentes, por no decir opuestas, a las que tengo ahora.

La experiencia me ha ido dejando enseñanzas maternales que tendré muy en cuenta en el improbable caso de que vuelva a embarazarme (sí, sigo en la etapa embarazos Nunca Máis). Algunas de ellas se refieren a artefactos, objetos, cosas que compré y que me han resultado muy, muy útiles con Eva. Una de estas cosas han sido, sorprendentemente, las cunas de viaje.

Eva vive en varias casas. Enumero:
-El hogar familiar de Coruña
-El hogar familiar de Foz
-La casabus de Coruña
-La casabus de Foz

cuna

La cuna (esta, de la marca Olmitos) vista desde la “puerta” 😛

En las dos casabus Eva pasa bastantes noches al mes, tanto porque a los abuelos les encanta estar con ella como porque sus padres tenemos una incurable adicción a salir de fiesta los algún findes (sobre todo su madre, todo hay que decirlo). Por eso le compramos una cuna de viaje para cada una de las casas de los abuelos y para los hogares familiares, nos decidimos por dos cunas de barrotes, una nueva y otra heredada.

Craso error. No sabíamos que el sistema preferido de nuestra hija para dormirse iba a ser desmayarse contra la pared de la cuna… algo que si ésta es de barrotes puede terminar mu mal. Hoy en día Eva duerme agustísimo en sus cunas de viaje. Tanto la de casa de los abuelos de Coruña como la de Foz son prácticamente iguales, con una especie de gatera para convertirla en parque, acolchadas por todas partes y absolutamente seguras. Eva se lo pasa genial rebotando contra las paredes, jugando dentro con sus muñecos y revolcándose por el colchón. Cuando se despierta a medianoche y sonambulea por la cuna, se tira en plancha y vuelve a dormirse porque aterriza sobre blandito siempre…

… en cambio, las cunas de barrotes son todo lo contrario. Cuando Eva se desvela por la noche, en lugar de aterrizar sobre blandito, se pega unas leches legendarias contra los maderos de la cuna. Y sí, siempre va a coincidir que pega contra el barrote que no está cubierto la chichonera. Parece una tontería, pero lo que con una cuna de viaje se convierte en un desvelo momentáneo y a dormir, en una cuna de barrotes es una desgracia como otra cualquiera. Golpe, llanto, hipos, biberón, ea-ea y a las dos horas, con suerte, igual logramos dormirnos otra vez. Eso si no le da por meter un pie entre dos barrotes y agobiarse porque no puede sacarlo… Lo único que le veo yo de positivo a las cunas de barrotes frente a las de viaje es que en esas puedes meter la mano entre los palos y dormirte agarradita al peque. Pero para eso también puedes colechar…

Por eso recomiendo a cualquier pareja que esté buscando una cuna para su bebé que piense si realmente le merece la pena tener un armatoste de madera, duro, difícil de mover, con estética de cárcel y que entraña un considerable riesgo de chichones, sobre todo si se tiene un bebé suicida como Eva. Es mejor pillarse una cuna de viaje incluso para casa, que puede plegarse, moverse, hace de parque y no tiene peligro alguno de que el bebé amanezca hecho un cromito.

¡Ah! Y como su nombre indica, también podemos usar estas cunas cuando vayamos de viaje… que ahora que lo pienso, es la función que menos le explotamos en mi casa ¬¬ ¡A ver si ahorro para unas vacaciones en familia…!

Un ladrillo sobre el teletrabajo y emprender, que apetece…

19 Ago

Esta semana, en la newsletter de Womenalia, aparecía un artículo titulado Teletrabajo y horario flexible, ¿tema tabú o falta de confianza? (lo enlazo aunque no puede verse si no se está dado de alta en Womenalia). En el artículo hablan del caso de Yahoo!, cuya nueva CEO terminó con el teletrabajo en la empresa porque, según datos que manejaban, los teletrabajadores aprovechaban peor el tiempo que los que estaban físicamente en la sede de la empresa. Si bien es cierto que estando en casa es mucho más fácil que se nos vaya la olla, ya lo decía Aristóteles (al que por cierto ya mencioné en otro post, maaadre, qué repelentica me estoy volviendo): el justo medio es lo mejor que hay (bueno, lo decía con otras palabras el hombre, pero la idea venía a ser la misma).

Frikeces aparte, a lo que iba: siempre he soñado con un trabajo que me permitiera administrar mi tiempo, fuera de horarios estrictos pero evidentemente cumpliendo unos objetivos. A la hora de conciliar yo lo considero una opción perfecta, pero antes de ser madre ya era algo que me rondaba la cabeza día sí, día también, porque a pesar de que entonces no tenía ni por asomo la capacidad de organización que tengo hoy en día, sí que me sentía muy a gusto las veces que me coincidía trabajar en casa, a mi aire, en mi entorno, con mi agenda y con mis cosas. Aunque quizá una de las cosas que más me gustaba era precisamente eso, que eran días sueltos de trabajar desde casa, pero el resto eran días de oficina, con compañeros, descansito para el café y tertulia pre y post finde. Probablemente la CEO de Yahoo! (aunque el gigante se me quede enorme, pero por poner un ejemplo) tenga toda la razón y la clave del éxito de su empresa no sea tener a la gente currando desde casa, sin pisar la oficina, sin interactuar con los compañeros y lo que es peor, pudiendo entretenerse mirando Facebooks, Twitteres y demás tentaciones que el ordenador personal nos pone delante… pero creo sinceramente que la solución tampoco es meter a un montón de gente entre cuatro paredes durante 8 horas al día. Al menos, no en todos los casos…

Yo siempre pensé que le iría muchísimo mejor al sector del periodismo y la comunicación en general si abriera un poco más la mente al teletrabajo. Que un periodista de un medio local tenga un horario de oficina, que en las redacciones se dedique parte del tiempo a copiar y pegar notas de prensa, o que no se dé más libertad a los trabajadores a la hora de adaptar informaciones, formatos, enfocar, hacer más atractivo un tema, incluso navegar por las redes sociales… me parece que supone, o supondrá, un final lento y doloroso para este tipo de periodismo. A lo mejor en la actualidad la cosa ha mejorado y simplemente me coincidió trabajar en sitios donde detecté un encorsetamiento excesivo… el caso es que desde entonces he considerado muy, muy negativo el encorsetamiento excesivo.

Lo que veo ideal, ahora que soy madre, es una remezcla de todos los sistemas de trabajo. Es decir, oficina, casa y calle, al fin y al cabo un periodista no debe estar ni en casa ni en la oficina… al menos en el sentido tradicional de la profesión. La clave está en organizar el tiempo y el trabajo y en que la empresa que te contrate confíe en que eres capaz de hacerlo y de momento, no sé si están dispuestas. Malos tiempos para el periodismo… y para mí, que como siga idealizando así mi curro del futuro más me vale emprender o seguir de parada forever and ever.

Ejem, emprender…

Pues no suena tan mal 🙂

(Más) gente que parece no haber tenido madre

18 Ago

Mi hija tiene un año y unos meses, y a veces doy gracias por haberla tenido en el año 2012 y no dentro de un par de años. Lo digo porque, leyendo ciertas noticias (esta, por ejemplo) no puedo evitar pensar que menos mal que tuve a Eva en una época en la que lo mal visto era solo que los bebés mamaran en público. Menos mal que solamente tuve que esconderme para darle a mi bebé el alimento que todo ser vivo necesita, sobre todo en los primeros meses de su vida. Qué afortunada fui, todavía no estaba mal visto o prohibido casi nada: solo que coman teta en público. Qué suerte tuve de que existieran salas de lactancia, mejores y peores, que tanto huelen a potito requemado como a pañal sucio, esas salas sin ventanas (salvo honrosas excepciones… ¿?), con colas eternas, salas ideadas en muchas ocasiones por gente que a todas luces no tiene hijos y que dudo que hayan tenido madre… menos mal que las tuve para esconderme a alimentar a mi hija en esos centros comerciales masificados que tanto me gustan, en tiendas, en centros cívicos… ¡menos mal!

Y digo menos mal porque, al paso que vamos, terminaremos prohibiendo a los bebés de dos o tres meses que se caguen en Primark. O que se duerman en tal o cual restaurante. ¡En los restaurantes está feísimo dormirse a la mesa! Los adultos saben que éticamente es reprobable, ¿por qué los bebés han de ser diferentes? O que vomiten en una tienda de decoración, ¡señor! Qué vergüenza, un bebé vomitando. Llevan pañal porque son pequeños, sí, y no saben todavía controlar el popó y el pipí, pero coño… vivimos en la era del consumismo, del progreso por el progreso, y si a los jefes, los dueños de los negocios, los que controlan la pasta, los que venden, venden y venden por encima de todo lo demás, les da por prohibirle a un bebé hacerse pis, cagarse, dormirse o comer en su local, habrá que ponerse a ello. Habrá que disimular si, oh, señor, qué vergüenza, nuestro hijo se ha vomitado encima en pleno pasillo del centro comercial. La ciencia tendrá que crear escuelas intrauterinas que ayuden a que el bebé nazca aprendido. ¡Habrá que renegar de que somos seres humanos! Cualquier cosa, cualquiera, en aras de no ofender a los enfermos que se sienten ofendidos y ultrajados al ver una teta.

Porque hay que estar enfermo. Pero muy enfermo, mucho, para pensar que una teta debe ser relacionada en primera instancia con el sexo, y por consiguiente censurada, y solo en segunda con la alimentación del bebé. Hay que ser machistorro y penoso y dar mucha vergüenza. Pues hoy en día, después de haber pasado unos dolores de tetas indescriptibles, grietas, mordiscos involuntarios de mi peque, calambrazos por tenerlas a punto de reventar de leche, le digo desde aquí una cosa al dueño de Primark, al filósofo redactor de su código ético y a todos aquellos hombres (algunos de los cuales han escrito comentarios surrealistas en la noticia de Menéame) que consideráis las tetas de las mujeres un objeto sexual que es para vosotros y vuestro disfrute y si eso, en segundo plano, para dar de comer a un bebé, os digo una cosa, una cosa que no sabéis:

NO SOIS EL PUÑETERO OMBLIGO DEL MUNDO

Que las tetas de las señoras no fueron creadas para que vosotros os deleitéis en la playa, ni mirándolas en revistas, ni viendo canalillos y soltando burradas a las chavalas en las discotecas. No fueron creadas para que las comparéis con las de Fulanita o Menganita. No son vuestras, ni se inventaron para que vosotros las utilicéis más allá del periodo de destete natural del ser humano. Aunque el atolondrado mundo en el que vivimos os haya hecho vivir convencidos que las tetas son principalmente sexo puro y duro, y que por tanto deben ser censuradas como lo sería un polvo en público, no lo son. Las tetas son, siempre han sido y siempre serán, le pese a quien le pese, para dar de comer a los bebés. Y mientras la ciencia no avance lo suficiente los bebés comen, cagan, duermen, mean y vomitan donde les viene el apretón porque son eso: bebés.

Señores del mundo: las tetas son DE las señoras y PARA los bebés. Y si un día os coincide una alineación de planetas y tenéis la suerte de tocar una, así en plan erótico festivo, os doy un consejo: dad gracias a quien os deje el juguete, porque NO es vuestro, NO se creó para vosotros y eso NO va a cambiar jamás. Si una teta aparece en vuestra vida más allá de los 6 años de edad, pensad siempre que tenéis suerte, porque el objetivo primerísimo de la teta NO es, aunque a veces se dé el caso, alegraros la vida a vosotros.

Algún día la gente entenderá que, si existen salas de lactancia, no debería ser para que los bebés se escondan a comer, sino para que las madres que quieran puedan contar con un sitio más íntimo, más tranquilo o más agradable para dar de comer a su hijo porque, señores: sacarse una teta delante de un montón de degenerados tampoco es algo que a todas nos mole hacer (aunque por alimentar a un hijo hasta de eso somos capaces). Algún día por fin el ser humano creará normas para el bienestar del ser humano partiendo de la base de que somos humanos, y dejará de fomentarse la artificialidad, la desnaturalización, el sentimiento de vergüenza por lo que somos originalmente. Algún día los códigos éticos de los centros comerciales, así como todos los demás, aceptarán que los bebés caguen, meen, duerman y coman donde les vengan las ganas. Algún día el ser humano no irá en contra del ser humano por sistema, amparándose en normas éticas machistas hasta extremos vergonzantes (tetas=sexo). Algún día seremos conscientes de que somos parte de la naturaleza y que debemos sentirnos orgullosos de serlo.

Algún día.

¿O no?

Sandalias, bañadores y los calcetines de invierno

6 Ago

Si algo tiene Eva, es ropa. Entre las abuelas, tías abuelas, amigas de mamá, de papá y los propios mamá y papá, la enterramos en camisetitas, pantalones de todo tipo, vestidos y modelitos playeros casi desde que nació… El problema es, como todo el mundo sabe (menos nosotros, padres primerizos de manual) que los bebés crecen a la velocidad del rayo, y que un día le compras unos zapatos que le quedan grandes y a la semana siguiente no le cabe ni el dedo gordo del pie. Por eso me paso la vida desescombrando el armario entre exclamaciones de sorpresa (“¿pero ya no le sirve este vestidito???” y de pena “pero… ¡ya no le sirve este vestidito…!”). Confieso que algunas de las maravillosísimas adquisiciones ni siquiera se las puso más de una vez, “para la foto”, que se dice…

Por suerte este verano, más de un año después del nacimiento de Eva, estamos aprendiendo a comprar ropa “con cabeza”… aunque reconozco que ayuda el hecho de que la niña empieza a crecer un poco más despacio que antes (los zapatos ya no le duran una semana, le duran un mes o dos). El caso es que últimamente le compramos sandalias, chaquetitas y camisetas de esas súper útiles, que duran y duran y duran… y le he prohibido (más o menos) a los familiares cercanos comprarle más ropa y más juguetes, porque a este paso tendremos que irnos a vivir al campo más por falta de espacio que por otra cosa…

Las compras del verano han sido un par de cositas de las que estamos orgullosos a más no poder:

– Unas sandalias de una marca llamada Pablosky, que le quedan cómodas (o eso parece) y con las que le respira el piececito este regordete que tiene. Con Eva tenemos un problema y es que su pie es, como decimos en casa, mantequilla pura: gordecho por todas partes y no muy largo. Por esto muchos zapatos le sirven de largo pero no le entran, y los que le entran suelen sobrarle dos centímetros hasta la punta. Estas sandalias dan de sí y son perfectas, así que si tenéis hijos con los pies más anchos que largos, os la recomiendo encarecidamente.

– Un bañador de dos piezas (braguita y camiseta de tirantes) de rayas de colores que le regaló su tía abuela María Luisa, traído directamente de las más exclusivas tiendecillas de Londres 😉 en la playa le sacó el máximo partido y también para andar por casa los días de asarse (que en la costa de Lugo muchos no son, la verdad). La braguita es impermeable y eso en la playa da una tranquilidad indescriptible. Claro que podía dejarle el pañal de toda la vida puesto, ¡pero con este invento está mucho más guapa!

banador

Eva en su primer día de playa, luciendo la parte de abajo del bañador. La playa le encantó, chapoteó lo que quiso y más y saboreó la arena como si fuera un manjar de dioses. Eso sí, entre bajar a la playa el carro, la bolsa, la tienda, la merienda, la minipiscina y demás bártulos, mi familia y yo acabamos baldados. Tengo que ir más al gimnasio este invierno, a ver si así la playa del 2014 se me hace algo más llevadera…

– Los calcetines. Es verdad que en verano no usamos apenas, pero eso los adultos… los niños, bueno, la mía, sí que les da uso a sus minicalcetines tanto en invierno como en verano… y se han convertido en un imprescindible si queremos tener la fiesta en paz. Les da un uso curioso, eso sí… Este:

calcetin

Cuando está concentrada viendo los dibujos, o a puntito de quedarse frita, se pone el calcetín en la boca y lo huele, o lo chupa, o lo que sea. Y que no se nos ocurra quitárselo, porque se vuelve loca… Los calcetines son lo más, pero también le vale cualquier pañoleta, trapito, gasa o chaquetilla fina. Incluso las toallitas del culete… Tengo una hija rara, sí. Pero muy riquiña 😛

Los meses que pasan y nosotras, que crecemos

28 Jul

¡Cómo nos gusta el verano! A pesar de no haber pisado aún la playa con Eva, estamos disfrutando de nuestros días de vacaciones en casa de mis padres, en San Martiño. Embadurnadas de crema hasta la punta de los pelos, paseamos, jugamos con los babaus, miramos los pás, merendamos paraguayos y repasamos frases completas como por ejemplo “¡babá bibí bi a bau!“. Algunas noches, vamos con la familia de cañas por el puerto mientras ella dormita en el carro. En definitiva, vida de veraneante full time.

andaEva está aprendiendo a dar sus primeros pasos. Anda como si estuviera pisando hierba alta, agarrada a los deditos de papi o a los míos, y de vez en cuando se cae de culo con mucho estilo. En la guarde nos dijeron que es mejor no darle los dedos, ya que así irá cogiendo ella sola carrerilla y se atreverá antes… No sé yo hasta qué punto es eso productivo: en cuanto se ve sin el inapreciable apoyo de los deditos paternos, se agacha y se sienta triunfalmente en el suelo y nos mira como diciendo “si gatear es mucho más fácil que andar… eso vosotros, que sois unos pringaos”.

Aparte de nuestras interminables sesiones de gateo y nuestras conversaciones con los babaus, hay otra actividad que nos hace pasar muy buenos momentos juntas: los dibujos. Sé que no se recomienda que los peques vean la tele hasta no sé qué edad, pero no hay de qué preocuparse porque a Eva, la verdad, le traen sin cuidado… aquí la principal interesada soy yo. No sabéis lo divertido que es ver Heidi doblada al gallego, o Dibo el dragón de los deseos, o Doraemon, el gato cósmico. Yo me lo paso bomba con ellos mientras Eva se concentra generalmente en cualquier otra cosa: los cordones de sus minizapatitos (calza un 20), el mando de la tele, una galleta reblandecida o su perro de juguete.

Eso sí… si Eva alguna vez tiene un hijo, le llamará Pocoyó. No sé de qué está fabricado ese niñejo, que la tiene hipnotizada. A mí, al principio, me caía bien toda la pandi, incluído el pájaro ese que es más serio que mi profe de Civil… Pero hoy en día, después de tragarme todos los episodios un mínimo de doscientas veces, empiezo a sufrir de espasmos cada vez que escucho eso de “A ver qué color elegís”.

En cuanto a la comida… he parido una lima. Mi hija come de todo, a todas horas, y tiene una pancita más propia de un señor de cincuenta años que de un bebé de un año y dos meses. Le damos purés de verduras, pero también verduras cocidas, tortilla francesa, macarrones, carne y pescado, yogures… Durante el embarazo y en los primeros meses me rallé muchísimo dándole vueltas a las miles de teorías que hay: que si baby led weaning, que si lactancia hasta los 3, 4, 5 o 18 meses, que si leche de vaca sí o no, que si mejor no triturar… y al final, como deberíamos hacer las mamás en la gran mayoría de los casos, lo que he hecho ha sido guiarme por mi instinto. Y mi instinto hay días que tiene tiempo de preparar unas verduras cocidas y pechuga a la plancha, o un arrocito, o una crema de calabacín, pero hay otros días en los que tanto mi instinto como yo estamos a tope y, a la hora de comer, servimos un puré descongelado, o un potito comprado en el peor de los casos y nos quedamos felices como perdices. Y la peque también, todo hay que decirlo.

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En definitiva, que aunque es evidente que hay cosas de las cuales los padres debemos estar muy pendientes y bien informados, en muchos casos no hay nada mejor que dejarse llevar para que las cosas salgan bien. Y en esas estamos 14 meses después de haber dado a luz, y cerca de año y medio después de haber comenzado este blog.

Qué lejano parece aquel día en el que, sentada en mi coche, miraba la primera ecografía y me decía a mí misma que era imposible, o al menos muy difícil, que yo llegara algún día a ser una buena mamá. Y ya lo decía Walt Disney: “it’s kind of fun to do the impossible”. No solo no es difícil, sino que crecer al lado de mi peque está siendo muy, muy divertido.

Felicidades, papá!!! (y feliz cumple, Guille)

6 Jul

El padre de Eva duerme, ella también y yo estoy esperando a que alguno de los dos despierte para comérmelo a besos. Las mañanas de sábado juntos son lo mejor, sobre todo si es verano, y hoy además es un día especial: el papá de Eva cumple años. Por eso, la peque me ha ayudado a hacer una recopilación de fotos de nuestra vida juntos: en ella salimos Eva, papá y mamá.

Luego, cuando ella se durmió, escogí un par de fotos de cuando aún no éramos Eva, papá y mamá… sino solo Guille y Blan. Esos momentos que a veces, entre pañales, biberones y lavadoras, volvemos a recordar y a vivir y nos hacen ser conscientes de la suerte que tenemos, de lo afortunados que somos. Lo éramos entonces y lo somos ahora.

Así que, sintiendo no estar a la altura de los regalazos que hacen las madres de familia decentes, y esperando algún día poder amanecer un 6 de julio con toooodas esas cosas que algún día quisiste tener envueltas en papel de colorines, te deseo un día genial, unos 39 increíbles y una felicidad extrema para el resto de tu vida: porque si tú eres feliz, yo también lo seré.

FELICIDADES, PAPÁ! Y FELICIDADES, GUILLE. Te queremos. Te quiero.

El primer cumple

21 May

Llevo tiempo sin escribir, centrada sobre todo en 15 Minutos de Gloria, pero el primer cumpleaño (jeje) de Eva se merece un post en este nuestro blog de cabecera. El primer cumple… madre mía. Lo celebramos el mismo día 21 por todo lo alto, o lo alto que puede celebrarse un cumple que cae en martes. Estuvieron los abuelos (3 de 4), tías abuelas, tíos, papás… y ella se lo pasó en grande y tuvo miiiiles de regalos.

Todo el mundo dice lo mismo, así que yo no me repetiré con eso de lo rápido que pasa el tiempo y que hace nada Eva era un gusanito que ni siquiera conseguía abrir los ojos… que parece que fue ayer cuando llegaba al Hospital con la bolsa rota y unas contracciones primero molestas y luego muy, muy molestas (por no asustar a nadie, jeje), parece que fue ayer cuando papi y yo nos subimos en el coche e hicimos aterrorizados el primer viaje con la peque. Parece que fue ayer cuando me dolían las tetas a morir, los puntos de la cesárea, la espalda, el cuello, la cabeza por no dormir. Parece que fue ayer cuando empecé a usar el sacaleches, sintiéndome la persona más gorda, fea y ridícula del mundo… parece que fue ayer, pero no… fue hace un año ya. Un añazo.

Y aquí estamos, rodeados de juguetes, con Pocoyó hablando solo en la tele y la peque intentando comerse el mando. Tiene un año y pico, pero todavía no anda, ni dice nada que no sea “bau” y “pa” (creemos que “perro” y “pájaro”, aunque yo creo que son dos variantes de “perro”). Eso sí, gatea a la velocidad del rayo 🙂

Ya que no estoy escribiendo mucho estos días (o al menos no en este blog) dejo aquí unas fotos de esta última temporada… en plan recopilatorio de esos que luego mola ver.

Un beso a todos los que aún me leen… y otro de parte de Eva. Porque… sí, ya sabe darlos, ¡y con ruido! 😉

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El regalo, la nena, los babaus y los dos dientes

19 May

Pues sí, hoy es el día: vuelvo al mundo bloguero después de unos días de retiro… en realidad pensaba regresar el jueves pasado, pero el cargador de mi Mac decidió darme el sorpresón (otra vez) dejando de funcionar y hasta hoy no me busqué la vida para conseguir otro…

¡Pero vamos a lo importante! El 4 de mayo fue mi primer Día de la Madre como madre, y recibí uno de los regalos que más ilusión me han hecho en mi vida: un marquito de fotos de algodones coloridos con una foto de Eva. Eva lo hizo en la guarde, seguramente con ayuda de las profes que tiene, que son geniales (algún día dedicaré un post a la guarde). Buscando, buscando, le encontré un sitio de honor a mi marco de fotos. Este:

regalo de mamá

Estudio mucho mejor con Eva sonriéndome desde ahí con su coletita-surtidor 🙂

Pero mi primer Día de la Madre como madre se vio ligeramente empañado por una mierd* de conjuntivitis que contaba en un post de mi blog 15 minutos de gloria (participante en las Becas Mami) y que me obligó a estar separada de la neni unos días, para prevenir un contagio. Esos días de separación, la verdad, se me hicieron eternos (algo que, por cierto, también conté en mi otro blog en un post titulado 15 días de soledad).

Se me hizo duro, entre otras cosas, porque la peque avanza a pasos agigantados y no me gusta pensar que puedo perderme algo: un día empieza a gatear, al siguiente gatea a mil por hora, al siguiente empieza a dar señales de querer andar “a dos patas”… un día balbucea sílabas sin sentido, al siguiente ya repite lo que le decimos, o ya señala cosas para que sepamos que quiere acercarse, etc. No quiero aburriros, porque soy consciente de que los avances de los niños de la edad de Eva son interesantes única y exclusivamente para sus padres y abuelos, así que voy a contar los 3 más importantes:

Los dos dientes: los de arriba, que le están saliendo a la peque y le han costado unos días de fiebre y diarrea (aquí podría detenerme largo y tendido para detallar color, textura, décimas arriba y abajo o dolores de barriga que sufrió la pobre neni esos días, pero paso… repito: no quiero aburriros con un chorreo materno-obsesivo :P).

Los babaus: desde el principio, cuando Eva se ponía a vociferar “¡ba-ba-bau-ba-bau!”, señalando la ventana de la cocina de casa de mis padres, supimos que estaba hablando de nuestros perros, Rita y Rei. Más tarde, catalogó acertadamente como babau también a Dingo, el perrito de la bisabuela paterna. Hoy en día ya mete a todos los perros en la categoría babaus, pero también son babaus los patos, los cisnes, algún peluche y las palomas. Y por supuesto, los gatos. Las vacas, en cambio, son una incógnita que Eva descubrió en su última estancia en casa de mis padres y todavía no se decidió a incluirlas en el grupo universal de babaus. A lo mejor está en vías de crear una nueva categoría de seres… el tiempo dirá.

La nena: es la primera palabra de Eva… al menos la primera por imitación. Seguramente fuera porque yo se la repito mucho, y también los abuelos, el caso es que desde hace unos días, si le decimos “nena”, hace un esfuerzo sobrehumano y, tras varios intentos, repite “¡na! ¡na! ¡nen-na!”. ¿Una chorrada? Pues sí. Pero a mí me hace mucha ilu… este blog mismo es una prueba de lo ñoña que puedo llegar a ser.

¡Bueno! Creo que ya es suficiente por ahora… el martes Eva cumple 1 año, así que el próximo post va a molar mucho 🙂

Salamanca y yo

28 Abr

Este fin de semana fui a Salamanca,con mi hija y toda mi familia, a la graduación de mi hermana pequeña.
Está claro que hay etapas en mi vida que nunca voy a volver a vivir, pero hay experiencias que te lo dejan aún más claro. Este viaje fue una de ellas: me hizo sentirme mayor y diferente… ya no llegué a Salamanca con ansias de ver a mis amigos, o de salir de fiesta como antes… De eso nada.
Es el primer viaje largo que hicimos el papi de Eva y yo con ella, y fue a la ciudad que más me ha marcado hasta ahora. La ciudad en la que pasé 5 años de reír y llorar, de crecer, de aprender… Y entre eso y el hecho de que se gradúe mi hermana pequeña, la misma que era ta diminuta cuando yo empecé primero de Periodismo, hace nada, la verdad es que pasé los dos días con un nudo en la garganta…
Porque no “hace nada”. Hace la friolera de 10 años que me quedé en aquella residencia a dormir sola por primera vez, 10 años que conocí a Laura y Emilio y Henar y Ana, amigos que, junto a otros que conocí más tarde, pasaron a formar parte de ese colectivo de personas indispensables en mi vida aunque el tiempo y la distancia hagan que no los vea tanto como querría. 10 años hace que entré en aquella clase llenísima de gente que tanto me impresionó, 10 años de la primera borrachera universitaria (esas barras libres las carga el diablo), del primer desengaño gordo de mi vida, de los primeros apuntes fotocopiados, de las primeras tardes en bibliotecas o pisos de estudiantes, de mi primer contacto con mi profesión y pasión.
Hace 10 años que empezó mi etapa en Salamanca, hace 5 que terminó, y todavía hoy, haciéndome fotos con mi hija en la Plaza Mayor, sentí y siento que una parte gigante de mí pertenece a Salamanca, y que en esa parte siempre seré una universitaria alocada, bastante vaga, con carácter cambiante y ganas de comerse el mundo…
Siempre he sido así, pero ahora con una diferencia: empiezo a entender lo increíblemente rápido que pasa el tiempo. Así que, como dirían los antiguos, carpe diem. Cojamos el día… Antes de que el tiempo nos pille a nosotros.

Neni en Salamanca