Aristóteles y el colecho

15 Feb

Cuando yo era pequeña, a veces tenía miedo en mi cama y me iba a dormir con mis padres. Al principio de la noche, en el medio o incluso al final: cuando, por la mañana tempranito, empezaban los dibujos… en cualquier momento, podía hacer aparición por la puerta de aquella habitación abuhardillada, instalarme entre papá y mamá y no levantar el campamento en horas. Reconozco que ir a la cama de papá y mamá me daba mucha seguridad y tranquilidad: allí no llegaban los gremlins, ni vendría el ratón gigante de Minsk a comerme, ni las brujas a cocinarme en una olla negra gigante. Era la gloria y disfrutaba cada segundo en ese trocito diminuto de la cama de mis padres.

Luego nacieron mis dos hermanos y heredaron mi costumbre de acaparar el espacio entre papá y mamá de vez en cuando. Eso sí: los tres sabíamos que, en nuestras habitaciones, nuestras tres camitas estaban esperando por nosotros, con las sábanas de dibujos limpias, el vasito de agua colocado en la mesilla y el ejército de peluches preparado para vigilar que nuestros pies estuvieran a salvo toda la noche. Y eso mismo es lo que yo quiero para mi pequeña familia: que nuestra bebé pueda recurrir a los papás siempre, o más, pero teniendo claro desde el principio que la cama de los papás es de los papás, los “juguetes” de los papás son de los papás y las aficiones de los papás son de los papás.

Considero que una de las cosas más importantes que nuestro hijo o hija debe aprender de nosotros es que, como miembros de la familia, somos seres independientes, con unas necesidades diferentes determinadas, y con un espacio vital que yo considero absolutamente necesario para la vida en familia feliz, en paz y respetuosa: tanto para los padres como para los bebés.

Reconozco que hubo momentos duros en la soledad de mi habitación oscura; que la imaginación infantil, como diría Goya, produce monstruos y que muchas veces me hubiera sentido mucho mejor con papá a un lado y mamá al otro… igual que, sin ir más lejos, el primer día de guardería (y alguno más también): lloré como una magdalena, pero lo lógico era que me acostumbrara a que mamá no iba a estar todo el día pegada a mí, que hay cosas que incluso un niño debe afrontar y experimentar solo. Aprender a dormir solo, en mi opinión, es una de ellas.

En algunos entornos relacionados con la maternidad, te tachan de madre poco apegada, demasiado moderna y fría y distante y de sabe dios qué cosas por menos de nada. Y bueno… desde luego, cada uno tiene su estilo. Pero si hubo algunos niños criados con calorcito maternal y apego, somos mis hermanos y yo. Y si hay una madre cercana, implicada, preocupada, hipersensible y totalmente respetuosa con sus hijos, esa es mi madre. Y pobre: no dormimos todos en la misma cama, solo nos dio pecho unos meses, nos llevó a la guardería e incluso nos puso pendientes nada más nacer… en algunos foros de maternidad se la comerían.

Aristóteles tenía razón: en el justo medio está la virtud. Mis hijos tendrán mi cama “abierta” para ellos, pero su lugar estará en la suya propia. Daré el pecho, pero no durante dos años: creo que con 5 o 6 meses tanto la niña como yo tendremos suficiente. Si surge y es más, más. Si surge y es menos, menos. Y aunque admiro mucho a quienes llevan a sus bebés a cuestas a todas partes, aprecio lo suficiente mi espalda y la de mi bebé como para pensar que un carrito no es una idea tan mala. Como comentaba el otro día con un amigo, cada momento y cada hijo, sumado a la personalidad propia y de la pareja, te dan este tipo de decisiones prácticamente tomadas.  Y en mi opinión, los totalitarismos, las cruzadas o los empeños particulares de algunas madres por llevar este tipo de decisiones a los extremos, me hacen pensar que esas señoras deberían cambiar el orden de sus prioridades.

También me lo comentaba alguien al hilo de algún post pasado: “sigue a tu instinto y escucha al bebé”. Porque cada mamá tiene libertad para elegir los errores (o aciertos) que más le gusten. Esa es una de las cosas más curiosas de la maternidad.

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2 comentarios to “Aristóteles y el colecho”

  1. Débora #alatidos# febrero 16, 2012 a 5:00 pm #

    Acabo de aterrizar, y sólo he podido leerte en esta última entrada, pero ¡PINTA MUY BIEN! Y te seré sincera, sólo me quedo cuando algo me hace “tilín”… ahora que si lo hago, ¡me tendrás fiel!
    En estos momentos me encanta disfrutar de la lectura de blogs sobre experiencias maternales (futuras o pasadas) pues estoy embarazada de mi segundo hijo, una niña que esperamos para mayo, pero me estoy sintiendo un poco nadadora a contracorriente en esta blogosfera maternal…
    Ha sido doblemente gratificante leer tu entrada: uno por encontrar a alguien que comparte tus ideas y dos por la coincidencia aristotélica con una entrada mía, jajaja.
    Te invito a sonreír con la coincidencia en http://alatidos.blogspot.com/2012/02/de-amor-y-autoridad-en-la-maternidad.html (concretamente en un comentario) -no me entiendas publicitariamente, jajaja-
    Totalmente de acuerdo contigo tanto en el aprendizaje del dormir (soy fan total de las madres educadoras) como en la lactancia materna, si es posible… porque también parece que está de moda “quemar” a quien no lacte teta…
    Sinceramente, el final, es de lo más sensato, y una madre sensata es altamente susceptible de ser “copiada”…
    Ohhhhh, me ha encantado, ¡no puedo más que piropearte en esta entrada! Sinceramente espero quedarme por aquí… Un saludo!

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  1. El miedo (otra vez) y la terapia del colecho « Las niñas de papá - noviembre 5, 2012

    […] que define el “dormir en la cama de los padres” de toda la vida, del que ya hablé en uno de los primeros posts de este blog. Eva duerme de lujo en su cuna, pero en cuanto papá se va a trabajar, nos acurrucamos […]

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