Mis gafas de colorines y el amor, que es lo normal

14 Sep

Cuando yo tenía más o menos 10 años, durante unos meses, un payaso que iba en 8º de EGB y que había repetido hasta parvulitos se reía de mí y de “lo mal que me quedaban” unas gafitas de colorines que llevaba desde la guardería. Qué vergüenza me hacía pasar: me gritaba en el pasillo del cole, señalándome y riéndose a carcajadas, diciéndome lo de siempre de los cuatro ojos, las lupas y no sé qué ingeniosidades más, mientras yo me licuaba de vergüenza (de aquella aún era tímida). El complejo no terminó cuando el tío, por fin, abandonó los estudios y le perdí de vista: por su culpa podría decirse que pasé la adolescencia sumida en las tinieblas, cegarata perdida, con las gafas metidas en las profundidades del bolsillo aunque eso me costara tropezones y una fama de antipática totalmente inmerecida: es imposible reconocer a alguien, y por tanto saludarle, cuando pasa a más de un metro de ti si paseas por el mundo con más de 3 o 4 dioptrías de miopía.

Hace un par de años, me encontré a ese personaje en la barra de un bar y pude decirle a la cara el asco supremo que me da la gente como él. Probablemente a él le dio igual, pero a mí no: me sentí tan realizada después de soltarle todo, sin complejos, y de reírme (esta vez yo) en y de su cara… Aun así, las lentillas son mi objeto favorito: salir a la calle con las gafas puestas es aún hoy una de las cosas que más incómoda me hace sentir.

En parte por eso, hay noticias que me hacen hervir la sangre. Esta semana, varios medios publicaban esta: “El 43% de los chicos que sufren acoso escolar homófobo piensa en suicidarse”, una proporción que, como dice el subtítulo, “triplica a los que son sometidos a bullying por otras causas”. De hecho, el 17% de los chavales que son acosados por ser gays, lesbianas o bisexuales, intentan suicidarse. Por culpa de niños gilipollas, que los hay, fruto de padres aún más gilipollas. Porque yo comprendo que cada uno en su casa cría y educa a sus hijos como quiere y puede, que podemos ser creyentes cristianos, budistas o no creyentes, pueden gustarnos más o menos las tradiciones y podemos establecer unas reglas más o menos estrictas… pero que hoy en día todavía existan personas que se sienten discriminadas por sus inclinaciones sexuales me parece vomitivo. Y si esas personas son adolescentes que se sienten discriminados por otros adolescentes, que únicamente han podido aprender eso de que la sexualidad es motivo de discriminación de sus padres, todavía me parece más vomitivo.

Yo no sé si seré la mejor madre del mundo, pero tengo clarísima una cosa (parece mentira que hoy en día aún haya gente que lo duda): la opción, inclinación, gusto y costumbre sexual de cada uno, es sola y exclusivamente asunto de cada uno, y lo que es más importante: aboslutamente respetable por todos los demás. Evidentemente, mi hija irá creciendo y pasando etapas (tooooooooooodos las pasamos) en las que experimentará, descubrirá y elegirá unos u otros comportamientos en cuanto a su sexualidad, y dentro de mis posibilidades intentaré que sepa de qué manera se pueden hacer las cosas para ser una persona sana al respecto, tanto física como espiritualmente. Pero eso, al fin y al cabo, lo hacemos todos los padres (¿o no?).

Lo que para mí resulta importante de verdad es que mi hija sepa respetar todas las opciones y modos de vida que le pasen por delante, y no solo la suya o la de sus padres. Intentaré que tenga claro que “lo normal” no necesariamente es un señor y una señora con la foto de la boda presidiendo el salón, que tienen hijos en cadena como quien fabrica piezas de coche, y andando (con todos mis respetos). Intentaré que comprenda que no deja de ser normal, ni mejor, ni peor, un niño por ser hijo de madre soltera, de padre soltero, de padres separados, de dos padres hombres o de dos madres. No deja de ser normal si es chica y le gustan los chicos, ni si es chica y le gustan las chicas, ni importa si le gustan las dos cosas, tampoco importa si no le gusta ninguna. Qué injusto es que se considere “lo normal” a un matrimonio al uso que inculca la homofobia en adolescentes, y que una casa en la que viven dos madres con su hijo común sea considerada una anormalidad y sea digna de burla para algunos.

En fin, que me enveneno… no sé si Eva será bisexual, homosexual o heterosexual, eso me da igual. Lo que sí que me importa es sea feliz con su sexualidad como lo soy yo, y que aprenda que lo normal no se llama hetero, ni homo, ni bi. Lo normal es el amor en cualquiera de sus manifestaciones, y qué pena me dan todos los que piensan que, al final, hay algo que importe más en la vida.

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Una respuesta to “Mis gafas de colorines y el amor, que es lo normal”

  1. Luci septiembre 14, 2012 a 9:06 am #

    Totalmente de acuerdo Blanca.
    No entiendo a la gente que invita a sus hijos -y da ejemplo de ello- a juzgar y crear prejuicios acerca de la sexualidad de los demás…el amor tiene muchas formas de manifestarse y es lo más grande que tiene la vida, y cada una de esas manifestaciones merece nuestro respeto -siempre y cuando no haga daño a nadie claro-.

    Los padres, al fin y al cabo, estamos para encauzar y no para imponer pensamientos.
    Un beso!!

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