Los primeros Reyes y el frío que peló

8 Ene

Debo decir que mis hormonas están volviendo a la normalidad. Lo noto porque mis cambios de humor vuelven a ser temibles y demasiado frecuentes, mi sensibilidad para con el mundo exterior (masculino) empieza a estabilizarse, y por fin vuelvo a ser capaz de vestirme con un solo sujetador y no con dos (parece una tontería, pero es definitivo). Esta una manera rara y un poco embarazosa de empezar el primer post del año, pero yo estoy muy contenta por todo esto (aunque al 99,8% de la población le traiga al pairo) y seguramente toda recién parida desequilibrada, histérica, desorientada y muerta de miedo también agradezca saber que la vida sigue donde la dejaste antes de embarazarte… la vida hormonosa, se me entiende. De la otra vida ya ni me acuerdo.

Pero también en esa otra vida, de la que ni me acuerdo, una de mis felicidades del año era el Día de Reyes. En mi casa se celebra muchísimo, y siempre tuve muy claro que quería contagiar a mis hijos esa alegría e ilusión que se vive el día antes: poniendo los turrones en la mesa y los zapatitos en la chimenea, asomándonos a la ventana para ver la estrella llegar, yendo a la cabalgata… en definitiva, sintiendo el nervio y la emoción de esas fechas, que a lo largo de muchísimos años de tradición se han hecho mágicas…

Reis

Estos días también me dí de narices con esa gente, la de siempre, que te dice que mira tú, con lo poco católica que eres y te gustan los Reyes y la Navidad y vas a inculcarle a tu hija esa tradición. Esa gente me suele hacer mucha gracia… tienen toda la razón. No soy nada creyente (aunque a veces daría un dedo del pie por creer algo más en algún ente superior creador todopoderoso omnipresente omnisciente y ornitorrinco) (perdón, nunca puedo evitarlo), pero los cuentos y la fantasía me encantan y considero que es necesario, sobre todo cuando se es niño, creer en algo como esto y hacerlo real. Me encanta la idea de tener fechas importantes el resto del año, diferentes para cada uno, incluso fechas que cada familia hace mágicas para sus niños, pero los Reyes tienen algo diferente y es que cada niño ve que, esa noche, todos los demás niños también están esperando ver a los tres señores en su carroza en la cabalgata para después hacer la gira mundial dejando regalitos en casa de todos. De todos… a la vez. Tantos niños pequeños creyendo simultánea y sinceramente en algo mágico lo hace real por una noche.

Resumiendo, que llevamos a Eva a la cabalgata. Bien protegida por si recibía un caramelazo en la carita (algún día pondré una reclamación a SSMM quejándome de ese riesgo inherente a todo acto infantil), pasó un poco de frío la pobre, pero vio las lucecitas y el ambiente superhipermegainfantil de la cabalgatita a la que la llevamos. Como manda la tradición (tradición joven donde las haya, este fue su primer año de vigencia), le compramos a Eva un globo de esos de helio para que luciera atado al carrito el resto de la noche, y para colocarlo al lado de sus zapatos en el salón, porque como todo el mundo sabe, al ser tan pequeños los zapatos, a los Reyes les viene bien un globo para ver dónde están y dejar los regalitos en el sitio correcto.

Después de la solemne cabalgata, nos fuimos a cenar por ahí con mis amigos un par de raciones de pulpo. Llegamos tarde a casa, llenos de bolsas gigantes, y metimos a Eva en su cunita mientras nos íbamos poniendo el pijama, tomándonos un vasito de leche y subiendo un poco la calefacción para no quedarnos de una pieza en la noche que más frío hizo en San Martiño de todas las que pasamos allí este invierno.

globoLos Reyes Magos me caen bien. Es cierto que, de pequeña, me daba un poco de terror acercarme a aquellos señores grandes, rodeados de gente, vestidos de folklórica y con barbas o pigmentación sospechosa, pero lo superé con los años y conseguí que se convirtieran en tres de mis personajes favoritos. Pero alguna antipatía deben de guardarme ellos a mí, porque esa noche, la que más frío hizo de todas las que pasamos este invierno en San Martiño, la primera noche de Reyes de mi hija en mi casa, con los regalos en las bolsas y la niña en la cunita durmiendo plácidamente… los Reyes decidieron traernos carbón. Bueno, más bien todo lo contrario. Nos trajeron una caldera estropeada, y una temperatura agradable que, poco a poco, fue cayendo y convirtiendo en el Polo Norte mi pobre casita de colorines.

Al final, a las 2 de la madrugada nos acogió mi adorada tía en su casa y, después de trasladar niña, cuna, regalos, padres y demás enseres a su casa, llegamos a la mañana de Reyes felices y sin criogenizar.

Estuvo genial. Todo el mundo le hizo a Eva regalos increíbles y a sus papás también, así que finalmente el ensayo general del Día de Reyes nos quedó bastante aceptable a pesar de los imprevistos. Eso sí, el año que viene, por si acaso, yo pediré una estufita eléctrica…

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2 comentarios to “Los primeros Reyes y el frío que peló”

  1. Marta enero 8, 2013 a 7:26 pm #

    jajaja, el frio es lo malo de las visitas de los reyes magos, y los caramelazos! Yo me llevé un par de ellos, intentando proteger a la pequeñaja que tenía en brazos.
    Pero unas navidades con niños son especiales, distintas, llenas de ilusión…

    • bdiazrei enero 8, 2013 a 10:27 pm #

      Sí, al verdad es que estuvieron genial. Y eso que Eva es aún muy peque… el año que viene será el mejor 😀

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