El peso y mi última semana con 27

11 Ene

Aviso: este es un post marujón pijirridículo donde los haya, más propio de una preadolescente, víctima de las modas y de las tendencias occidentales que destrozan nuestra vida, que mío. Estás a tiempo de dejar de leer.

Dos meses antes de quedarme embarazada estaba feliz (entiéndaseme) porque, por fin, había logrado adelgazar 10 kilos que tenía enquistados en las cartucheras desde que viví un año al lado del Pans and Company y el McDonalds (tengo muchas virtudes, pero la de no ser una vaca adicta a la comida basura multinacionera no es una de ellas…). Fue duro, no voy a negarlo. Para perder esos kilos, tuve que sumarle a un mal momento personal que estaba atravesando y ayudó, la costumbre de cenar cosas estilo un té verde con un par de galletas en lugar de otras estilo dos huevos fritos con patatas, la de ir a correr todos los días por la muralla de Lugo y la de comer siempre la mitad de la mitad de lo que hubiera comido si me dejase llevar.

La dieta fue estricta, pasé hambre, pero conseguí perder esos kilos y después me sentía inmensamente feliz cuando me comía solo un trozo de tortilla de mi madre porque realmente el segundo no me cabía. Pero también me sentía bien conmigo misma: subía las escaleras de dos en dos sin desfallecer, iba y venía sin una pereza suprema y me sentía inmensamente más atractiva (dentro de las posibilidades de una servidora). Cabía en la ropa, me quedaban bien los vaqueros, incluso casi, casi, empezó a gustarme mi culo (mi culo es una parte de mí que tiene solo dos cosas buenas: una, que sirve para lo que sirve, algo que es esencial, lógicamente. La otra, que está detrás y así me evito verlo en el espejo).

Y de repente, voy y me quedo embarazada. Fue una alegría, claro, pero desde luego tuve que decir adiós a mi recién adquirido cuerpo de persona normal para ir, poco a poco, entrando en carnes de nuevo hasta alcanzar el look balón de Nivea que dignamente lucí de enero a mayo de 2012. Evidentemente, la cena de té verde con dos galletas de esas de alpiste, si es ya duro para un ser humano normal, para una embarazada es más una tortura que una cena y además es insano. Así que volví a mis cenas abundantillas de antes… una cosa normal. Cuando iba por el séptimo u octavo mes de embarazo me comía hasta las puertas de la nevera.

zniveaY de repente, parí. De 20 kilos que me había puesto encima, perdí 12 en el parto (3 y pico de neni y 9 no sé de qué, supongo que además de placenta y líquidos varios tuvo que ver el régimen al que me sometieron en el hospital por ser cesárea. Nunca tanta hambre pasé en mi vida). Las primeras semanas después de parir estuve deforme, como todas las señoras, pero mes tras mes conseguí, poco a poco, ir volviendo a mi ser. Me faltaba perder 3 kilitos para volver a ser una persona feliz (entiéndaseme)… Y, también de repente, llegaron las navidades. No solo no perdí 3 kilos, sino que engordé otros 3. Ahora, tengo 6 atrincherados uno a cada lado de mi barriga (que gracias a algún ente superior quedó exacta y milagrosamente igual que antes de embarazarme). A mucha gente esto le parecerá una chorrada, una pijería y una frivolidad típica de las mujeres reviejas de occidente… a mí en el fondo también. Pero eso no quita que uno de mis propósitos de año nuevo sea ir a correr 3 o 4 días por semana/apuntarme a la piscina/ir al gimnasio/jugar al tenis, al menos hasta que sienta que no voy a los sitios reptando, sino dando gráciles brincos cual ágil gacela.

De todas formas, me temo que entraré en mis 28 años con esos 6 kilos de más agarraditos a mis caderas… me queda una semana de tener 27. Mi cumple siempre, siempre, siempre me deprime, y también los días antes y los días después de la fecha, de hecho empiezo a estar insoportable. ¡Pero bueno! este año tengo a la Pipeke, el mejor regalo y lo más bonito que me trajeron los 27*.

* No, no se me ocurrieron más frases hechas trilladas y recontrahorteras.

Prometo que en mi siguiente post intentaré ser un poco más original y menos vidaoccidentalmoderna-victim. Ahora me voy ya a leer la Cuore, que este mes sale Hugo Silva. ¡Un beso!

Actualización: Me veo moralmente obligada a aclarar que lo de Hugo Silva es broma. No soy tan patética… eso sí, la Cuore está aquí a mi ladito recién salida del kiosco: no podría vivir sin mis AARGS semanales…

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