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Sandalias, bañadores y los calcetines de invierno

6 Ago

Si algo tiene Eva, es ropa. Entre las abuelas, tías abuelas, amigas de mamá, de papá y los propios mamá y papá, la enterramos en camisetitas, pantalones de todo tipo, vestidos y modelitos playeros casi desde que nació… El problema es, como todo el mundo sabe (menos nosotros, padres primerizos de manual) que los bebés crecen a la velocidad del rayo, y que un día le compras unos zapatos que le quedan grandes y a la semana siguiente no le cabe ni el dedo gordo del pie. Por eso me paso la vida desescombrando el armario entre exclamaciones de sorpresa (“¿pero ya no le sirve este vestidito???” y de pena “pero… ¡ya no le sirve este vestidito…!”). Confieso que algunas de las maravillosísimas adquisiciones ni siquiera se las puso más de una vez, “para la foto”, que se dice…

Por suerte este verano, más de un año después del nacimiento de Eva, estamos aprendiendo a comprar ropa “con cabeza”… aunque reconozco que ayuda el hecho de que la niña empieza a crecer un poco más despacio que antes (los zapatos ya no le duran una semana, le duran un mes o dos). El caso es que últimamente le compramos sandalias, chaquetitas y camisetas de esas súper útiles, que duran y duran y duran… y le he prohibido (más o menos) a los familiares cercanos comprarle más ropa y más juguetes, porque a este paso tendremos que irnos a vivir al campo más por falta de espacio que por otra cosa…

Las compras del verano han sido un par de cositas de las que estamos orgullosos a más no poder:

– Unas sandalias de una marca llamada Pablosky, que le quedan cómodas (o eso parece) y con las que le respira el piececito este regordete que tiene. Con Eva tenemos un problema y es que su pie es, como decimos en casa, mantequilla pura: gordecho por todas partes y no muy largo. Por esto muchos zapatos le sirven de largo pero no le entran, y los que le entran suelen sobrarle dos centímetros hasta la punta. Estas sandalias dan de sí y son perfectas, así que si tenéis hijos con los pies más anchos que largos, os la recomiendo encarecidamente.

– Un bañador de dos piezas (braguita y camiseta de tirantes) de rayas de colores que le regaló su tía abuela María Luisa, traído directamente de las más exclusivas tiendecillas de Londres 😉 en la playa le sacó el máximo partido y también para andar por casa los días de asarse (que en la costa de Lugo muchos no son, la verdad). La braguita es impermeable y eso en la playa da una tranquilidad indescriptible. Claro que podía dejarle el pañal de toda la vida puesto, ¡pero con este invento está mucho más guapa!

banador

Eva en su primer día de playa, luciendo la parte de abajo del bañador. La playa le encantó, chapoteó lo que quiso y más y saboreó la arena como si fuera un manjar de dioses. Eso sí, entre bajar a la playa el carro, la bolsa, la tienda, la merienda, la minipiscina y demás bártulos, mi familia y yo acabamos baldados. Tengo que ir más al gimnasio este invierno, a ver si así la playa del 2014 se me hace algo más llevadera…

– Los calcetines. Es verdad que en verano no usamos apenas, pero eso los adultos… los niños, bueno, la mía, sí que les da uso a sus minicalcetines tanto en invierno como en verano… y se han convertido en un imprescindible si queremos tener la fiesta en paz. Les da un uso curioso, eso sí… Este:

calcetin

Cuando está concentrada viendo los dibujos, o a puntito de quedarse frita, se pone el calcetín en la boca y lo huele, o lo chupa, o lo que sea. Y que no se nos ocurra quitárselo, porque se vuelve loca… Los calcetines son lo más, pero también le vale cualquier pañoleta, trapito, gasa o chaquetilla fina. Incluso las toallitas del culete… Tengo una hija rara, sí. Pero muy riquiña 😛